Y en una dominical noche fresca del mes de abril me encuentro en el corazón de la ciudad viendo gente pasar frente a mí. Siguiendo mí paso y sin más, escucho música de sax a lo lejos típico en una noche fresca, como noche de cine sonoro de la nouvelle vague de los 70´s; ni más ni menos que un transeúnte cualquiera al que sin mayor conciencia le ha venido en gana llenar la noche romanticomelodiosa con lo mejor que sabe hacer, entregar sus mejores notas a mitad del corredor madero. Y a mi bien me ha venido en gana acercarme, sentarme y oír mientras miro el cielo.
El resto de las personas que pasan también se contagian de la melodía.
Y cada que entona melodías románticas yo veo pasar a la gente de nuevo: besarse abrazarse y tomarse de la mano o compartir una mirada de complicidad, para mi es el recuerdo de nosotros que me inunda.
Y la pregunta del que será de nuestras vidas si el correr del tiempo nos va ganando (llevamos más de 15 días de no vernos) y sin embargo no veo tu ausencia como una falta, sino como la espera, la fuerte y emocionante espera de la llegada de mi amante, mi amigo, mi amor.
Cuanto puede encerrar una mágica noche en el centro de la ciudad, unos cuantos transeúntes y sin falta los músicos urbanos con sus citas en esta esquina.
Ahora es cuando en mi, viene el olor la sensación las miradas y sin más nuestro músico hace de las suyas nuevamente, 5 minutos de descanso y un chicle hacen que toque “bésame mucho” de Consuelo Velázquez, mi sensación y mi pensamiento vuelan a ti (aun que me gustaría encerrarte en un momento tuyo y mío, no solo recordarlo sino cargarlo siempre en una botella de vidrio dentro de la bolsa de mi pantalón, para así sacarlo en cualquier oportunidad, aspirarlo y sentirte cercano cuando más lo necesite ) de pronto pienso si al escuchar la música podríamos mirarnos y “besarnos mucho” y hacer que para nosotros nadie más exista(Típico que el saxo ponga melancólicos y deseosos a los músicos amantes y escritores).
Nuestro músico termina con la magia, solo por el capricho del cansancio y se forma de nuevo el simple y vulgar bullicio; sí, solo el ruido de los autos y la gente.
Yo: despierto y camino para ir por cigarros al 7 eleven...
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